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| Me enamoré de la sarrapia |
Mi amiga, Tamara Rodríguez, doble colega por periodista y cocinera, en una de sus visitas sorpresa, me trajo un poquito de sarrapia. Mientras saboreaba su almuerzo, me iba contando qué podía hacer con esas semillas, que con tanta emoción me entregaba. Me sentí recibiendo un testigo, como el que los atletas intercambian, sentía la responsabilidad de hacer algo con ese pedacito de aroma de nuestra tierra que me habían traído de Paria.
Investigando averigüé que es un fruto parecido al mango, poco conocido en el país por el gran público, de cuya almendra se extrae la cumarina. Conocí también que tiene otros nombres: haba de tonka, tagua, cumaruna y cumbarú, pero su denominación científica es: Dipteryx odorata Willd. Que crece silvestre en Venezuela, Brasil y Guayana y hay un universo que sí conoce sus bondades asociadas a su aroma, que se utiliza para la elaboración de picaduras, tabacos, perfumes y alimentos, especialmente la pastelería. Hay quien habla de que se le busca para emplearlo como sustituto de la vainilla, a la hora de saborizar y aromatizar alimentos Tiene propiedades medicinales ya que la “cumarina” contenida en las semillas le otorga reputación como antiespasmódica, diaforética y cardíaca; retarda los movimientos respiratorios y circulatorios. La medicina natural le otorga propiedades anticoagulantes por lo que algunos la descartan para uso culinario. Estoy convencida de que para que surta un efecto realmente grave debe consumirse en grandes proporciones y con mucha frecuencia. Así que tómela con confianza. Decidí poner manos a la obra y troceada la coloqué en caña blanca y la dejé reposar unos días. Elaboré una natilla que perfumé con este preparado y que quedó realmente deliciosa. Luego reemplacé la vainilla de una torta de pan y el resultado también fue todo un éxito. Todavía me queda incursionar en el ámbito de preparaciones saladas. Tamara me comentó que rallada se la pone al arroz con un rico resultado muy celebrado entre sus comensales. La nueva generación de cocineros venezolanos ha asociado la sarrapia al chocolate y han creado deliciosas recetas con las que han sorprendido a más de uno. Este es el caso de la pastelera Betina Montagne que en su blog comparte un par de recetas. El vino toma caracas
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Serenella Rosas
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