| Gastronomia>El Gusto es mio |
| Las salsas |
Para confirmar que somos tan adictos a las salsas como los franceses basta con detenerse ante un carrito de perros calientes. La infinidad de frascos disponibles con salsas para aderezar, bien sea el perro caliente o la hamburguesa, es sorprendente.
Pero esa creatividad al parecer se la hemos dejado al marchante ya que el mercado habitual de un hogar está repleto de frascos de salsas comercializadas y es que hasta ese remedo de salsa Aurora, mejor conocida como salsa rosada, viene en frasco y tiene sus seguidores. Mi amigo Iván Feo me regaló en estos días una receta salsa aurora, por supuesto me dio solamente los ingredientes como manera de retarme a hacer mi versión. Para aderezar un coctel de camarones que hice en estos días me dispuse a tomarle la palabra y con los ingredientes de la lista Feo me dispuse a prepararla. Les confieso que yo misma me sorprendí del resultado. Por supuesto que no es la simple mezcla de Ketchup y mayonesa, los ingredientes incluyeron: salsa inglesa, jugo de cebolla, brandy, mostaza, ajo, y jugo de limón. Quedo gloriosa. Qué bueno sería si cada nevera emulara al carrito de perro caliente y en vez de guardar preparaciones comerciales atesorara la versión familiar o particular (cada integrante de la familia pudiera tener su versión) de salsas para aderezar el sándwich urgente, que mitiga el hambre ídem o corona unas croquetas. Me puse entonces a pensar en salsas que pudiéramos tener allí a mano, listas o la receta a mano. Mantengo mi palabra que, por ahora, hasta que disponga de un proveedor seguro, la mayonesa a usar debe ser la comercial. Una de estas preparaciones sería la tartare de la cual existen tantas versiones como creo cocineros. Para el Larousse gastronomique solo lleva huevo duro, ciboulette y cebolla, por ejemplo una receta italiana, que me gusta, no lleva huevo duro y agrega perejil, mostaza y pepinillo encurtido. La dijonaise es otra preparación que no es más que mayonesa y mostaza dijon. Hasta la mostaza se prepara preparar en casa lo que permitiría perfumarla con infinidad de sabores, por ejemplo ají dulce. Claro está que la del perro caliente es la del perro caliente, allí no hay discusión. La salsa de tomate para pastas es otra preparación personalizable. Quién no tiene una vecina italiana dispuestísima a enseñarle a hacer la salsa con la receta tradicional de su familia. Y las preparaciones vernáculas léase guasacaca y los mojitos que son capaces de alegrar cualquier carne sea pollo, pescado o res sin atentar contra la dieta. Y la salsa bechamel, sobre esta salsa debo decirles que no dejo de sorprenderme con el ingenio popular, que ha modificado su elaboración para dar un resultado muy cercano al que debe ser que sorprende. No salía de mi asombro la primera vez que vi a alguien vertiendo mantequilla sobre la leche caliente para luego batirle la harina de trigo con el toque de nuez moscada y pacientemente esperar que “agarrara punto”. Horrorizado quedaría un cocinero francés al ver omitida la elaboración del roux. ¡Que viva la inventiva popular!
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Serenella Rosas
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