Gastronomia>El Gusto es mio
El arroz
También amo el arroz, como titula Sumito Estévez la presentación del libro sobre este cereal, de la serie sobre su cocina que semanalmente nos entrega El Nacional. Me sorprendió su comentario acerca de que somos el único país del mundo que come el arroz como lo hacemos nosotros: blanco, apenas aliñado, como acompañante.

Cada familia tiene su toque personal, hay donde solo lleva ajo o pimentón o ají dulce de los que no quedará rastro a la hora de servir, se tapa desde el principio o tan solo al final, también hay quien le pone unas gotas de limón para que se ponga más blanco. Hay hogares donde religiosamente se prepara la paila de arroz sin tan siquiera evaluar si la comida pautada para ese día así lo requiere. Es obligatoria su presencia. Y en la cena, quién no ha comido unas torticas de arroz, amorosa expresión del reciclaje hogareño.

Nuestra hospitalidad, que es hasta gastronómica, nos ha hecho conocer otras variedades de arroz. El sushi, un éxito en Venezuela, cuenta con legiones de seguidores, fanáticos para comer y también prepararlo, que ya conocen el punto exacto del arroz para su elaboración. Sobre la paella estoy convencida de que aquí es el lugar donde mejor se prepara, gracias a lo retables que son nuestros cocineros, siempre buscando hacerlo mejor que el vecino, y sobre todo esa pléyade de españoles que nos han hecho amar la comida de la madre patria, que en la mesa pública todos hemos disfrutado alguna vez. Y esto me lo confirma una amiga que me comentaba un viaje a España y su expectativa de comerse una paella en su cuna: Valencia. Sufrió un gran desengaño culinario, no fue de su gusto lo que le ofrecieron, se quedó añorando las preparaciones de cualquiera de nuestros restaurantes españoles. Otro cuento, pero de la España franquista, ubica la preparación de este plato para el día jueves, así como comen pescado el viernes los católicos.

Las sirvientas libraban los jueves por lo que ese día le tocaba cocinar a la señora de la casa. Para no pasar mucho trabajo, la orden que recibía la doméstica de su patrona era de dejar todo preparado para que la señora tuviera solamente que montar el arroz y añadir el resto de los ingredientes. Otra costumbre derivada de este hábito fue invitar el jueves para poder lucirse con las amigas como una gran cocinera. El arroz salvaje lo conocí con Mercedes Pardo, quien lo preparaba para acompañar el pavo navideño comme il faut.  Este arroz crece de forma salvaje a orillas de los grandes lagos de Canadá, de allí su denominación. De Claudio Nazoa aprendí una receta, que lo hace más gentil a los paladares que no gustan de su textura, mezclarlo con arroz parboiled.

Y qué me dicen del rissoto, que hemos adoptado los venezolanos dada nuestra afición por ese cereal. Particularmente me gustan preparaciones poco comunes como es el rissoto al limone, que hago con limón francés o lima y uno que probé hace poco de radiccio. Como cosmopolitas que somos también hemos incorporado a nuestra dieta el arroz basmatí, de nacionalidad hindo-paquistaní, que es considerado uno de los mejores y preciados del mundo. El postre no podía escaparse, y como somos los reyes del dulce, las preparaciones azucaradas no podían de faltar: la chicha, el arroz con leche y el arroz con coco son recetas que también disfrutan grandes y chicos sin distinción. Tenemos más de siete mil años comiendo arroz y no nos aburrimos, ¡algo debe tener!

Serenella Rosas
serenellarosas@yahoo.it

 
 
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