Reportaje
Madre en vientre ajeno

Maternidad subrogada

“Mater semper certa est”, expresión latina que se traduce como “la madre es siempre conocida”, haciendo referencia a un principio de derecho romano que reconoce a la maternidad como un hecho biológico evidente en razón del embarazo, ha sido trastocada a partir de la posibilidad científica de que una mujer geste en su vientre a un bebé con la autoría genética de otra

Madre hay una sola, suele decirse. Sin embargo, el concepto de maternidad como acto de ser madre a través de la concepción de una criatura, se ha ido transformando con los casos de madres adoptivas o madres subrogadas que existen en el mundo.

Este último tipo de maternidad nace con los avances científicos en las técnicas de manipulación genética, lo cual plantea un sin fin de polémicas legales, sociales, económicas y psicológicas. Según el informe Warnock, realizado en el Reino Unido por la Comisión de Investigación sobre Fecundación y Embriología humana (1982-84), la maternidad subrogada o el alquiler de vientres, como se le llama comúnmente, se refiere a “la práctica mediante la cual una mujer gesta o lleva en su vientre un niño para otra mujer, con la intención de entregárselo después de que nazca”.

La maternidad subrogada utiliza métodos de la reproducción asistida para el proceso de gestación, específicamente la de fecundación in vitro, y resulta una opción cada vez más popular entre aquellas mujeres o parejas que no pueden tener hijos por algún impedimento físico, por esterilidad, infertilidad o porque, a pesar de querer un hijo propio, no están dispuestas a padecer las trasformaciones de su cuerpo durante el embarazo. Es por esto que el deseo de ser padres biológicos, lleva a muchas parejas a utilizar su material genético para traer un hijo al mundo… pero en el útero de otra mujer.

Prohibido encariñarse
El hecho de dar a luz un hijo de otra mujer despierta críticas y análisis desde lo religioso, ético, psicológico y legal, formulando interrogantes sobre el reconocimiento legal de la criatura, las repercusiones psíquicas de la madre, de quien presta el útero y del bebé, entre muchas otras.

Ya sea una amiga, hermana o alguna mujer que pone a la orden su vientre a cambio de compensación económica, quienes se prestan a gestar en su útero un hijo ajeno son también consideradas madres, aunque en este caso se trata de una “maternidad gestacional”, mientras que la “maternidad genética” le corresponde a la mujer que aportó la mitad de la información cromosomática.

Como es de esperar, el tema del alquiler de vientres es sumamente complejo, sobre todo porque están en juego las emociones y la psicología de seres humanos que son vulnerables ante situaciones tan delicadas como la de darle vida a un ser humano. A pesar de que la mujer que da a luz no es quien aporta el óvulo, ésta experimenta durante los nueve meses de embarazo una relación materno-filial con el niño o la niña, lo que dificulta en la mayoría de los casos, la entrega del mismo a los padres biológicos.

Las primeras cigüeñas en vuelo charter
Fue en 1975 cuando un periódico de California, Estados Unidos, dio inicio a una práctica que cada vez es más común entre las mujeres que no pueden gestar a sus hijos en su propio útero. En él estaba publicado un anuncio con el que una pareja estéril solicitaba a una mujer para ser inseminada artificialmente, ofreciendo una remuneración por tal “servicio”.

Diez años después, el caso del “Baby M” hizo el tema del alquiler de vientres mucho más público. El contrato de 10.000 dólares realizado entre la pareja Stern con Mary Whithead, quien daría a luz al “Baby M”, plasmaba el compromiso por parte de la madre “gestadora” o portadora, de no crear una relación materno-filial con el bebé, además de la obligación de abortar si el feto presentaba alguna anomalía. El problema se presentó al nacer el bebé, porque Mary se negó a entregar a la niña a los padres genéticos, al no poder desprenderse de quien consideraba “su hija”.

No es tan fácil
Ante la situación de no saber a cuál de las dos mujeres se le debe atribuir la maternidad, la mayoría de los países del mundo prohíben por ley el alquiler de vientres, condenando a las partes que intervienen en dicha práctica: la pareja contratante (quienes aportan la totalidad o parte del material genético), la mujer que dispone de su útero para llevar a cabo la gestación, y el equipo médico encargado de consumar la implantación del embrión.

Sin embargo, Francia, por ejemplo, está planteando la legalización de los vientres en alquiler, debido al crecimiento del “turismo reproductivo”, mediante el cual las mujeres viajan a otros países para la contratación de úteros. Uno de los sitios predilectos “para alquilar vientres” es California, donde existen empresas que se dedican a hacer de intermediarios entre mujeres que alquilan su vientre y parejas que buscan tener un hijo, para lo cual se debe disponer de altas sumas de dinero para cubrir los gastos médicos y de contratación por los servicios. En otros casos, con el fin de evitar problemas de tipo legal en sitios donde no está permitida la maternidad subrogada, muchas parejas consiguen convencer a mujeres de confianza, ya sea de la familia o del grupo de amigas, para que “les hagan el favor” de dar a luz a su bebé, sin recibir ningún tipo de compensación económica a cambio.

 

Por Nari Santini
narisantini@yahoo.com
 
 
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