Las conductas adictivas, sin uso de sustancias nocivas, son aquellas que entran en el grupo de las denominadas: “adicciones psicológicas o no químicas”. Se conocen dos grupos: las activas, como los videojuegos o la Internet y las pasivas como la televisión. Las razones del poder adictivo de las nuevas tecnologías radican en que son muy accesibles pues hoy prácticamente todos tenemos televisión, teléfono móvil e incluso Internet. A su vez, en algunas personas, el uso frecuente de aparatos tecnológicos ayuda a sosegar diversas sensaciones como la soledad o a mitigar ciertos problemas psicológicos en el sujeto que implican dificultades de distracción y contacto social.
No obstante, en algunas personas este patrón de consumo tecnológico llega a invadir plenamente furtivos espacios de su cotidianidad, generando importantes repercusiones en su capacidad de adaptación, interacción y accionar con su entorno.
Los denominados “cyberdictos” o adictos a la Internet, así como aquellos dependientes del teléfono celular, hoy son objeto de estudio y aunque parezca difícil de entender sus síntomas son similares a los de cualquier adicción psicológica. La explicación al fenómeno se concentra en el estudio de la bioquímica de nuestro cuerpo, la cual tiene por misión regular actividades cerebrales y sistema nervioso, entidades que al sufrir alteraciones podrían influir en el hecho que un individuo sea susceptible o no a una determinada adicción.
Tecnología, diversión y potenciales riesgos
La tecnología invita a disfrutar de gratos, interesantes y educativos momentos, permitiendo socializar con muchas personas e intercambiar ideas globalmente, logrando por instantes prescindir de los habituales problemas que nos aquejan y satisfacer necesidades psicológicas y emocionales.
El uso desequilibrado de la tecnología puede alejarnos de responsabilidades o tareas asumidas, cuyas consecuencias sólo dejan complejos problemas y postración del bolsillo, dada la constante inversión, preciso mantenimiento y necesaria modernización de los equipos. Otras dificultades asociadas son: declinación en el desempeño laboral, compras compulsivas on-line y aventurado acceso a los juegos de envite y azar.
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