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Ejercicios para padres

No hay escuelas para padres. Porque incluso, aunque se dicten talleres al respecto, cada hijo es tan diferente y cada progenitor tan variado, que ninguna receta pareciera ser adecuada para cada situación.

Por lo tanto, este texto no pretende aleccionar a ninguna madre o padre de familia. La idea es soltar algunas ideas y que cada cual pueda usarla a su manera y probar los resultados.

De entrada, es necesario hacer una aclaratoria: los niños aprenden y repiten lo que miran, lo que hacen y dicen los adultos, especialmente los que tienen más cerca y conforman su referencia. Así que padre, no se sorprenda si el pequeño grita; anímese a mirarse y observar cuántas veces grito en casa sin darme cuenta, sólo por poner un ejemplo.

Ahora bien, desde mi perspectiva como psicoterapeuta, veo tres aspectos fundamentales en el manejo de los más pequeños.

El primero es darle espacio y legitimidad a lo que él o ella sienten. Si tu hijo viene a decirte que está bravo, no intentes contentarlo. Abrázalo y asiente a su bravura. Una frase que puedes decirle es: “Sí, mi amor, estás molesto, está bien, mamá y papá están aquí contigo”. Nada más.

El segundo es ponerte en el lugar del infante. Imagina que puedes regresar el reloj y tener la edad de tu hijo o hija. ¿Cómo te sentías en esa edad? ¿Qué palabras te hubiera gustado escuchar? ¿Qué necesitabas recibir? Trata de ponerte a su altura y desde allí, mirarlo a los ojos y estar para él.

Tercero, no trates de ocultarle información a tus hijos, especialmente las noticias menos favorables. Padres, aunque no lo crean, los pequeños tienen una gran facilidad para captar lo que no está en su lugar. En eso, suelen ser más intuitivos que los adultos. Trata de buscar una explicación adecuada para su edad y dile lo necesario.

 Hay un detalle más: déjale muy claro a tu hijo o a tu hija que en esa relación, mamá y papá siempre son los grandes, los que se encargan de él, los que le entregan, los que se ocupan. Déjales saber que no hay NADA que él o ella, por más que deseen, pueden hacer para mejorar la vida de sus progenitores.

Un abrazo nunca está de más. Un “Te quiero” tampoco. Un beso, menos.

 

Raiza Ramírez
Terapeuta Gestáltica
raizaramirez@gmail.com

 

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