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Sociedad tecno-adicta
Menos contacto con otros

Cada día son más las personas que dependen de manera exagerada de la tecnología, en especial del celular, acompañante indispensable a la hora de ir a cualquier lugar

Llega un punto en el que nosotros los columnistas nos podemos volver un tanto repetitivos. No siempre es por accidente, aunque así lo quisiéramos ver; pasa que en ocasiones queremos de verdad llevar un punto a tal nivel de conciencia que no queremos arriesgar dejar algún comentario sin pasar.

Antes en este espacio he hablado de los peligros de los excesos de la tecnología en la sociedad actual, no porque abarque alguna oculta aversión a lo tecnológico (Dios, eso sería hipócrita de mi parte, ¿no?), sino porque considero que es algo demasiado interesante, demasiado útil y demasiado divertido para convertirse en algo perjudicial para nosotros. Es el eterno cliché: “todo en exceso es malo”. Esta semana vuelvo al punto porque gracias a algo que ocurrió y algo que se habló. La reflexión subsecuente era, si se quiere, inevitable.

“Ve la película y apaga el celular”
El pasado martes 23 de junio, mientras se trataba de actualizar la red de comunicaciones de Movilnet, “algo” hicieron los obreros que el robot que identifica las llamadas entre celulares decidió tomarse un descanso de casi seis horas. 15 millones de personas fueron dejadas sin llamadas, sin mensajes, sin Internet móvil (yo incluido). Admito que durante esas cinco horas y media que el familiar repique de teléfonos de las primeras temporadas de la serie 24 no sonaba anunciándome un nuevo SMS, pasé del alivio a la inquietud a la impaciencia. No quiero pensar en aquellos que realmente necesitan su conexión al celular. Dos días antes, mi padre, mi hermano y yo comentábamos esta adicción entre la juventud de ahora.

Mi hermano comentaba su impresión que, aún en el cine, dos adolescentes necesitaban enviar mensajes desde sus Blackeberry. También hablamos de detalles como el hecho que nos está costando más escribir, no sólo más corto por mensajes de texto o breves como Twitter, sino simplemente que ya casi no escribimos a mano. No sólo eso, y esto sí es algo que ya he tocado antes, sino que las futuras generaciones se están volviendo asociales.

Estos mismos niños que tienen 278 amigos en Facebook o MySpace no salen con la misma frecuencia que nosotros lo hacíamos y cuentan con menos personas como amigos verdaderos (y hay estudios sobre esto). Las interacciones humanas están lentamente dejando lugar a frías interacciones virtuales donde lo máximo que vemos es una foto y texto.

Cuando el televisor salió, pocos predijeron el impacto que tendría en cambiar la vida de las personas al punto que lo hizo. Internet ahora ha afectado a la gente muchísimo más, pues mientras la TV cambió la manera en que nos entreteníamos, Internet está cambiando eso y la manera en que trabajamos, nos educamos y ahora incluso cómo nos comunicamos y relacionamos. ¿Es pesimista pensar que si continúa el abuso podemos perder un poco de nuestra humanidad? Caray, espero que sí.

El último virgen de EE UU
Fue con gran dolor que me enteré que la última gran tienda de discos de Estados Unidos, la Virgin Megastore de Nueva York, cerró sus puertas el pasado 16 de junio. Llámenme nostálgico, pero no es lo mismo buscar entre los miles de títulos que tiene Amazon que en los pasillos de una tienda. ¿Cuánto nos falta?

Juan Carlo Rodríguez
juancarlor@yahoo.com

 
 
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