Raíces

Ya vienen las pascuas

Después de llevar más de dos mil años celebrando su nacimiento en un pesebre de Belén, Niño Jesús está más que acostumbrado a ver la manera particular, cómo en Venezuela festejan su llegada al mundo como si fuera la primera vez. Aquí lo que nadie discute es que el Niño Jesús venezolano, nació en Cubagua y tuvo por cuna una concha de madreperla.

Es por eso que en estos días del año, el cielo de oriente se enciende para verse más azul y en los pueblos, los aguinalderos alisan las varas del furruco, tiemplan los cueros del tambor y los curas apuran los ensayos de los niños pastores que alegrarán con sus cantos las misas de aguinaldos.

En las casas campesinas las mujeres ahuman las hojas del plátano para envolver las hallacas y en el patio el cochino se come todo lo que encuentra, sin importarle el sobrepeso porque ignora la dieta que podría salvarle la vida con sólo rebajar un poquito esa gordura que puede convertirlo en el pernil de la noche del Niño Jesús. La tradición se adentró por los caminos polvorientos del llano y la Virgen no se cansa de parir sobre un cuero pelado y San José tampoco se ha cansado de espantar a los mosquitos para que no se coman al muchachito y así los niños llaneros tengan también su Niño Jesús.

En los pueblos carabobeños, Aguas Calientes y Mariara, perdura una hermosa tradición renacentista española. Los hombres, mujeres y niños, se visten de pastores y cantan en las nueve misas de aguinaldo y le sobra garganta para seguirlo haciendo en La Misa de Gallo. La fiesta de navidad que mejor se conserva en su pureza se celebra en Mérida y Trujillo. Aquí la tradición le regala al Niño, una planta perfumada de albricias, que florece en diciembre compitiendo con el anime, en eso de ser su majestad de la navidad, escoltada por el musgo y el frailejón con sus verdes y amarillos que dan vida al mágico mundo del pesebre andino.

En Caracas, la fiesta va cogida se la mano con el bombardeo publicitario y la tradición se asoma, por igual, en los ranchos que en los apartamentos donde la preferencia, por la hallaca o el pan de jamón es una pelea a cuchillo y tenedor. Afuera los estruendosos tumbaranchos casi no dejan escuchar uno que otro aguinaldo, opacado por las alegres gaitas que hace temblar las luces del arbolito.

Angel Rivero
catirito@cantv.net

 
 
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